Llegué al hotel y me acosté un rato para pensar en lo sucedido. La luna entraba por mi ventana y yo me encontraba tumbado en la cama, viendo al techo mientras la cortina ondeaba dentro de la habitación, mi mente estaba en blanco, no pensaba en nada ni en nadie; fue un momento de paz y plenitud que no había tenido en mucho tiempo.
Miré por la ventana mientras seguía acostado en la cama y miraba la luna, tan hermosa y elegante, mi tranquilidad se mezcló con la melancolía, fue entonces cuando los recuerdos comenzaron a fluir en mi mente.
--Te noto algo distraido Ramirez, no es bueno que estés en este estado aquí en el hospital--me decía la doctora Romero, mientras caminabamos en el pasillo del hospital.
--Descuide doctora, sé que puedo con esto--dije con voz distante, casi muerta.
--Tal vez puedas--se detuvo frente a mi--pero no pienso correr el riesgo, mi deber es proteger a esta gente y curarla, también es mi deber cuidar de mi personal--dijo con voz severa--no sé lo que te haya pasado, pero por lo que veo, te afectó mucho--la doctora me miró a los ojos y vi en sus ojos preocupación real.
Bajé la cabeza lentamente y miré al suelo durante unos segundos; todo a mi alrededor se hizo más lento, el mundo se detuvo unos instantes ¿o era realmente yo quién se detuvo unos instantes?--Hugo ¿te encuentras bien?--me tomó del brazo justo cuando mis fuerzas comenzaron a ceder--ven conmigo--dijo la doctora, con un tono de voz dulce--me llevó a su oficina y me sentó en un enorme sillón que tenía--espera aquí, voy a ver al paciente y regreso inmediatamente contigo--la doctora salió de la oficina.
Mi mente se esfumaba poco a poco, a penas y reconocía el lugar donde me encontraba, estaba inmerso en mis pensamientos que habían sido silenciados.
Miguel llegó--¿Hugo, qué te pasa porque andas todo raro?--sólo lo miré, ya no podía pronunciar palabras sin sentir que me cortaban la piel.
--Hugo, amigo, reacciona--me sacudió levemente y mientras reía de forma nerviosa; el también estaba preocupado por mi.
La doctora llegó nuevamente--Miguel, prepara los medicamentos para el paciente de la cama trece--Miguel, me miró y salió inmediatamente.
--Hugo--suspiró--tienes que tomarte un descanzo--dijo lentamente.
--no necesito un descanzo, doctora solo necesito pensar un poco--
--no Hugo, no está a discusión, te tomarás un descanzo--
--doctora, pero enrealidad...--
--No me hagas suspenderte, eso si no es necesario--vi sus ojos y hablaba encerio.
--Tomate un descanzo de tres semanas, verás que te hará bien--fue a su escritorio y buscó en uno de sus cajones--toma--me extendió unos folletos de viajes--tu lo que necesitas es despejar la mente, viaja y diviertete un poco o si lo prefieres, reflexiona solamente--
--grácias--dije, sin más remedio que aceptar la invitación a viajar.
--Todo saldrá bien--dijo la doctora y miré sus ojos y aún veía preocupación.
Mis recuerdos jugaban conmigo y los fantasmas de mi pasado se hacían presentes en aquella habitación, veía decenas de escenas donde estaba junto a Mónica, feliz y enamorado; podía recordar aquella sensación de felicidad y seguridad que tenía cuando estaba junto a ella, mi sonrisa era verdadera y sincera sin dolor, sin mentira, ahora mi sonrisa no es más que el mínimo esfuerzo de ser amable, llena de tristeza.
Escuchaba su voz, hablar en mi cabeza, escuchaba su risa, escuchaba su música, resonaba en mi memoria; jamás había escuchado un Chopin tan triste y deprimente, como el que sonaba en mis recuerdos y los fantasmas de mi memoria se mezclaron con los de mis sueños y sin darme cuenta ya me había quedado dormido.
Desperté agotado mentalmente y no sabía que hacer, sólo me quedaban unos días para estar en San Martín antes de partir a cualquier otra parte.
<<Desayuno, Caminata por la costa, comida, perderme en la plaza del pueblo...>> comencé a darme cuenta que mi día sería igual que el anterior y no tenía caso vivir el mismo día una y otra vez, necesita si no emoción algo nuevo, algo interesante.
Bajé a la recepción y ahí se encontraba la recepcionista, la saludé--buenos días...--era evidente que no sabía su nombre, en realidad no sabía nada de aquel lugar; desde que llegué me dediqué a sentir lástima por mi mismo y a lamentarme que no me había dado a la tarea de conocer aquel pueblo llamado San Martín, que aparentemente tenía propiedades curativas. Hice un gesto exagerado tratando de recordar el nombre de la recepcionista el cual no sabía--Sandra--dijo la chica--pero puede llamarme Sandy, si lo prefiere--reí un poco, era la primera vez que reía por algo que me causara grácia o simpatía--buenos días Sandy--reparé--buen día, señor Ramírez--saludó cortesmente--puedes llamarme Hugo--dije y salí del hotel con una sensación agradable.
El sol reluciente me iluminaba el rostro, pero no me molestaba caminé viendo hacia todas partes, conociendo el pueblo. La gente me saludaba; todos parecían amables, mis tristezas se disipaban, poco a poco dejaba de pensar en ello.
Llegué a la cafetería y me atendió la amable señora de anoche--buenos días--dijo sonriente como siempre.
--buenos días--conteste con una mejor sonrisa que la del día anterior.
--hoy se ve mucho mejor que ayer--me dijo, mientras acentaba una taza y me servía café.
--grácias, me siento mejor--
--¿desayunará algo?--sacó una pequeña libreta del bolsillo y un bolígrafo.
--Sí--respondí viendo en el menú, qué podría comer--aunque, realmente no sé que...¿qué me recomienda?.
La mujer rió y tomó el menú que tenía--descuide, yo me encargo de traerle algo muy rico.
<<Creo que tenía razón aquella psicologa extraña>> atraves de la ventana, veía a la gente pasar y deambular sin preocupación, todo parecía transcurrir con normalidad aquel dia.
Mónica, tenemos que irnos--decía mientras acomodaba las cosas en la maleta.
--Espera, no encuentro mi traje de baño azul--
--Cariño, lo guardaste en tu maleta pequeña-- le besé la frente y reí.
--claro que no--se dirigió a la cama donde se encontraba su pequeña maleta Chanel--recordaría perfectamente si lo metí en la bolsa--me decía mientras revolvía las cosas dentro de la maleta; se detuvo repentinamente, volteó a verme y sonrió--¿es que tu lo sabes todo?--se acercó y me besó.
--eso intento--dije mientras besaba sus labios--vamos que se nos hace tarde--tomamos todas las maletas y nos dirigimos al taxi, guardamos todo en el maletero y nos subimos.
Mónica se colocó los lentes y me besó nuevamente--te amo--dijo moviendo los labios sin pronunciar palabra alguna.
Durante el viaje me fijé en la hermosa figura que tenía, su piel tersa y sus estilizadas y largas piernas, su hermoso cabello todo en ella era perfecto.
Llegamos al aeropuerto y bajamos con las maletas, nos dirigimos hasta la puerta para abordar el avión.
El viaje fue tranquilo; ella leía una pequeña novela romántica mientras yo intentaba dormir un poco.
Llegamos a la ciudad de Cancún y tomamos un taxi para irnos al hotel.
--Bienvenidos al Hotel Avalon Grand--bajamos del taxi y fuimos a la recepción, Mónica parecía sumergida en un mundo de fantasía, miraba por todas partes con asombro, mientras yo recibía las llaves de la habitación.
Subimos hasta la habitación y dejamos las cosas juntoa a la puerta, Mónica corrió al balcón--vaya que es hermoso--decía mientras el aire de la playa movía su vestido; volteó y me miró, lentamente me acerqué y me quedé parado en la puerta del valcón, observandola--tu eres hermosa--ella se acercó y me abrazó--lo sé--
El sol reluciente me iluminaba el rostro, pero no me molestaba caminé viendo hacia todas partes, conociendo el pueblo. La gente me saludaba; todos parecían amables, mis tristezas se disipaban, poco a poco dejaba de pensar en ello.
Llegué a la cafetería y me atendió la amable señora de anoche--buenos días--dijo sonriente como siempre.
--buenos días--conteste con una mejor sonrisa que la del día anterior.
--hoy se ve mucho mejor que ayer--me dijo, mientras acentaba una taza y me servía café.
--grácias, me siento mejor--
--¿desayunará algo?--sacó una pequeña libreta del bolsillo y un bolígrafo.
--Sí--respondí viendo en el menú, qué podría comer--aunque, realmente no sé que...¿qué me recomienda?.
La mujer rió y tomó el menú que tenía--descuide, yo me encargo de traerle algo muy rico.
<<Creo que tenía razón aquella psicologa extraña>> atraves de la ventana, veía a la gente pasar y deambular sin preocupación, todo parecía transcurrir con normalidad aquel dia.
Mónica, tenemos que irnos--decía mientras acomodaba las cosas en la maleta.
--Espera, no encuentro mi traje de baño azul--
--Cariño, lo guardaste en tu maleta pequeña-- le besé la frente y reí.
--claro que no--se dirigió a la cama donde se encontraba su pequeña maleta Chanel--recordaría perfectamente si lo metí en la bolsa--me decía mientras revolvía las cosas dentro de la maleta; se detuvo repentinamente, volteó a verme y sonrió--¿es que tu lo sabes todo?--se acercó y me besó.
--eso intento--dije mientras besaba sus labios--vamos que se nos hace tarde--tomamos todas las maletas y nos dirigimos al taxi, guardamos todo en el maletero y nos subimos.
Mónica se colocó los lentes y me besó nuevamente--te amo--dijo moviendo los labios sin pronunciar palabra alguna.
Durante el viaje me fijé en la hermosa figura que tenía, su piel tersa y sus estilizadas y largas piernas, su hermoso cabello todo en ella era perfecto.
Llegamos al aeropuerto y bajamos con las maletas, nos dirigimos hasta la puerta para abordar el avión.
El viaje fue tranquilo; ella leía una pequeña novela romántica mientras yo intentaba dormir un poco.
Llegamos a la ciudad de Cancún y tomamos un taxi para irnos al hotel.--Bienvenidos al Hotel Avalon Grand--bajamos del taxi y fuimos a la recepción, Mónica parecía sumergida en un mundo de fantasía, miraba por todas partes con asombro, mientras yo recibía las llaves de la habitación.
Subimos hasta la habitación y dejamos las cosas juntoa a la puerta, Mónica corrió al balcón--vaya que es hermoso--decía mientras el aire de la playa movía su vestido; volteó y me miró, lentamente me acerqué y me quedé parado en la puerta del valcón, observandola--tu eres hermosa--ella se acercó y me abrazó--lo sé--
Aquí tiene--dijo la señora Marquez acentando un plato con un par de huevos y tocino--grácias, huele delicioso--sonreí.--que lo disfrute--llameme si necesita algo.
--grácias--creí que mis recuerdos con Mónica y nuestro viaje a Cancún arruinaría mi repentina tranquilidad, pero me equivocaba, no había turbulencia ni tormenta alguna <<Después de todo este pueblo sí cura>>.
Terminé mi desayuno y pagué la cuenta, me quedé unos instantes en la mesa observando a traves de la ventana a la gente que pasaba tranquilamente.
--Disculpe--le hablé a la señora Marquez--ayer que vine, estaba una mujer sentada en aquella mesa--señalé la mesa donde se encontraba Bashira--creo que su nombre es Bashira--repuse--.
La señora Marquez, comenzó a pensar para recordar a quién me refería--vestía ropas árabes--dije.
--Ah sí, la doctora--comenzó a reír--¿le dijo que se llamaba Bashira?--me vió con extrañeza.
--Sí--contesté un poco apenado, pues acababa de darme cuenta qué había sido engañado.
--Su nombre real es Solange--dijo riendo--esa doctora, es muy ocurrente ¿no cree?--
Reí sarcásticamente--sí, muy ocurrente--
--¿pero bueno, qué quería saber de ella?--recordé de inmediato la razón por la cuál hablabamos de ella.
--ah, sí ¿me podría decir su dirección?...me gustaría hablar algunas cosas con ella ¿porque sí es psicóloga verdad?--pregunté irónico
La señora Marquez rió--claro que lo es y una muy buena, un poco loca, pero muy buena--tomó su libreta y escribió la dirección de la doctora--tome, no se perderá, es un pueblo muy pequeño--.
--grácias--dije tomando el papel--la veo luego, para la cena--y salí de la cafetería.
Llegué a una casa estilo victoriana de un color azul intenso y molduras blancas, miré el papel que me había dado la señora Marquez y verifiqué el numero de la casa <<aquí es>> me acerqué a la puerta y toqué.Una hermosa joven rubia apareció en la entrada--¿sí, en qué puedo servirle?--preguntó.
--busco a la doctora--no dije su nombre, por temor a que se alguien más se riera de mí.
--Sí, soy yo--dijo aquella joven; ahora que la veía bien, esos penetrantes ojos azules eran los mismos, claro que se veía totalmente diferente con una ropa "más normal".
Solange, entrecerró los ojos y me dijo--¿te conozco de alguna parte?--preguntó con una sonrisa, tratandose de acordar.
--nos conocimos ayer en la cefetería de la señora Marquez...creo--dije algo nervioso.
--Aaaah...sí, el que creyó que yo era psiquica--dijo riendo.
--Tambien creí que eras Arabe--dije apenado.
--Bueno no todo es lo que aparenta--dijo riendo--pasa ¿y como va tu corazón?--dijo mientras se adentraba en la casa.
--No sé--respondí desde lejos, comencé a caminar por el pasillo hacia la sala--no sé ni qué me esta pasando--Solange se asomó por la puerta de la cocina.
--¿café o té?--preguntó sosteniendo dos conteneores.
--Té, grácias--
--Es normal que te sientas confundido al principio--dijo desde la cocina--solo es cuestión de que empiezes a poner tus ideas en orden--
--no entiendo ¿cómo supiste que era una cuestión sentimental?--
--Bueno, por razones fuera de mi entendimiento, mucha de la gente que viene a pasar un tiempo a San Martín, llegan con el mismo problema; creo que tiene que ver con la luna--salió de la cocina con dos tazas y se sentó en un mueble frente a mi.
--¿La luna?--pregunté confundido.
--Sí, la luna, cuenta una antigua leyenda que San Martín venía a este lugar a platicar con la luna--comenzó a narrarme--y la luna le hablaba sobre remedios que podía utilizar para curar a la gente enferma. En una ocasión San Martín se encontró con una joven la cual había enviudado, estaba devastada y su corazón sufría. La luna le contó los secretos a San Martín sobre cómo curar un corazón roto. San Martín obediente hizo lo que la luna le dijo que haga y así fue la joven se curó y no solo eso--dijo añadiendo una pausa dramática a la historia--se enamoró de nuevo.
San Martin pidio a la luna que atrajese hasta este lugar a los corazones rotos, porque era necesario poner cura a tan tormentoso mal, la luna bondadosa le concedió aquella petición.
--¿Osea que lo supusiste, por una antigua leyenda?--pregunté un poco escéptico.
--Sí y también por el hecho de que tenías esa mirada ausente--dijo tomando un sorbo de su té.
Solange se levantó y se dirigió a un pequeño librero que estaba en la esquina de la sala.
--San Martín, escribió un libro de poemas "La Luna, el Mar y la Montaña" en este libro--dijo tomando un libro delgado del montón--escribió el secreto que le dijo la luna--se acercó hacia mi y me entregó el libro.
Miré aquel desgastado libro y empezé a creer que todo aquel asunto de la luna y el santo y la joven viuda eran patrañas, que aquella "psicologa" que me había dicho un nombre falso y vestía extraño estaba más que un poco loca; pero necesitaba con urgencia creer en algo.
--¿Porque no sólo me das terapia como a los demás y resuelves mi problema?--le dije con la mirada aún en el libro.
--bien podría hacer eso, pero lo unico que haría seria curarte de un mal y no prepararte para otro, hacer que aquello te deje de doler. Pero no podrías confiar en el amor otra vez, este libro no sólo te hace olvidar el dolor, si no que te hace amar el recuerdo y amar tus anhelos. Es simplemente algo que está fuera de mi alcance--dijo sentandose nuevamente frente a mi--puedes regresar cuantas veces quieras--puso sus manos en mis rodillas en señal de apoyo; muy típico de los psicólogos--y hablaremos de este libro y te explicaré lo que no entiendas.
--¿Por qué haces esto?--pregunté--¿Por qué me estás ayudando con esto?.
Solange esbozó una sonrisa--considerame un San Martín--se levantó y tomó mi taza vacía--un San Martín con un Velo--y se dirigió a la cocina.
Valió la espera... Muy bien ^^
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