Al recorrer un mundo que no conocía me di cuenta de que jamás recordaré lo vivido, ¿por qué? simple; porque jamás volveré a esos lugares que tan recónditos encontré en mi travesía por encontrarme a mi mismo.
Buscar algo que no sabes qué es, es una buena forma de encontrarte porque nos buscamos eternamente y jamás vemos que nuestro ser no está en algun lugar de nuestra mente, si no es aquello que nos hace buscar lo que tanto anhelamos.
Fue entonces cuando en aquella montaña de áridos espacios que junto a un mar aguardaba paciente, encontré algo que jamás creí que existía, la vi a una hermosa mujer parada a la orilla de un acantilado, con vestiduras blancas y cabellera dorada, el sol estaba por ocultarse y el reflejo rojizo de la tarde brillaba con menos intensidad cada vez.
Tuve una reverencia inquietante, no sabía quien era sin embargo sabía que era importante, especial, mágica.
No dije nada en un buen rato, solo observaba aquella presencia femenina tan especial. Me sentí un poco abosrto en aquella bella silueta y mi mente volaba a un lugar olvidado por el hombre, que nunca debió olvidar. Aquella hermosa mujer comenzó a hacer ademanes en forma de ritual, alzó ambos brazos y unió las palmas sobre su cabeza, lentamente fue bajando sus manos sin separarlas hasta llegar a su cabeza y abriendo los dedos en forma de corona.
--para que la energía del amor fluya, del universo hasta tu mente, de tu mente, hasta tu corazón, de tu corazón, hasta tu alma, de tu alma hasta el aire y del aire, para con todos...--dijo con una hermosa voz que sonó redentora y celestial.--tienes que abrir tu corazón, y dejar que se quiebre y dejar que sane y entonces el amor que hay en el universo jamás te dañará de nuevo--
Yo no comprendía aquellas palabras que había dicho aquella dama. Fue entonces cuando el sol se ocultó completamente, un tenue resplandor surgía del manto que le cubría, se volteó y miro mis ojos, sentí paz y tranquilidad.
Te buscas a ti mismo--dijo la mujer--pero lo que enrealidad estás buscando es el amor, el amor que perdiste alguna vez--no entendía como aquella mujer que encontré y jamás había visto sabía mi condición--has completado el principio para amar junto con todo, ahora tienes que dejar que sane y la mejor forma de sanar, es amando.
Termine más confundido de lo que ya estaba, no comprendía que era lo que sucedía, no comprendía que era lo que ella trataba de decirme; Nuevamente extendiendo sus brazos, como si quisiera volar, alzó su rostro y dijo--que la luna ilumine tus sueños, ilumine tu alma, ilumine tu corazón y su lirio de plata, perfume tus anhelos--sin previo aviso se tiró de aquel acantilado. Me asusté y corrí; no serviría de nada correr y ver que caiga, porque su muerte sería inevitable.
No vi a nadie caer, seguramente había llegado ya al agua y su cuerpo se hundía inherte y sin vida; en cuestión de un segundo vi a la luna alzarse sobre las aguas que se encontraban tranquilas y su resplandor plateado, se alzaba y me hacía querer amar.
una voz que susurraba en mi oido repitió "que la luna ilumine tus sueños, ilumine tu alma, ilumine tu corazón y el lirio de plata perfume tus anhelos."
Me sentía abrumado con la mente nublada, no comprendía la situación no me comprendía a mi mismo.
Regresé por donde llegué, volví al pueblo de "San Martín" cerca de cabo san Lucas en baja california, mochila en mano caminé casi a obscuras, solo con la luz de la luna.
Seguía pensando en lo que la mujer me dijo, que yo buscaba el amor y no a mi, quizá ella tenía razón ¿pero cómo es que ella podía tener la razón?; mi repentino viaje fue para escapar, perder de vista lo que me lastimó y termine buscandome a mi mismo ahora, resulta que lo que en verdad buscaba era el amor.
Yo no quería amar de nuevo, no quería sufrir otra vez, tenía suficiente con lo que me acababa de suceder.
Hace tres días estaba trabajando tranquilamente en el hospital como era de costumbre, hablaba con la doctora Romero hacerca de de un paciente que estaba delicado de salud y tenía que ser vigilado constantemente.
--Sus signos vitales necesitan ser monitoreados constantemente, ¿Entendió Martinez?--
--Sí doctora, vaya con cuidado--la doctora me miró y esbozó una sonrisa
--Confió en ti Hugo, no me vayas a fallar--
--Descuide doctora, disfrute de su velada--
La doctora Romero hiba a ver a su marido aquella noche, era la noche de su aniversario y tenía que ir, pues su matrimonio había dado tropiezos ese año.
Entré a la habitación para ver cómo se encontraba el paciente; él seguía en coma, pero prefería pensar que dormía profundamente. Para un enfermero como yo, no es conveniente tener ese tipo de creencias tan inocentes.
Me acerqué y tomé su pulso, verifiqué todos sus signos vitales y también la bolsa contenedora de orina, para saber si había que cambiarla.
Miré por la ventana de la habitación y vi la luna brillando sobre las casas y pensé en ella, aquella a quién había entregado mi corazón, Mónica era pianista en un restauran y los dos amábamos la música.
La conocí una tarde que caminaba por el centro de la ciudad, con el sol dorado y melancólico del otoño brillando sobre mi. Caminaba por la avenida, llegué a un pequeño foro vacío de donde salía una hermosa melodía.
Caminé hasta la puerta y miré a travez del cristal. Era una hermosa joven tocando una melodía de Chopin, Nocturne número nueve, lentamente y con precaución abrí la puerta para acercarme y escuchar mejor.
La luz dorada del sol entraba por un costado del pequeño foro, era un lugar vacío con sólo unos cuadros en las paredes y un piano al fondo, de donde salía la hermosa melodía. El lugar irradiaba romance y tranquilidad. Ella tenía los ojos cerrados y se movía al compás de la musica, al acercarme un poco más, pude notar su hermosa cabellera castaña que le llegaba hasta los hombros.
Miré sus manos y me quedé hipnotizado de tan hermosos movimientos, una danza sutil y elegante que no necesitaban música para bailar, ellos hacían la música.
Fue entonces cuando paró de tocar
--Disculpa si te interrumpí--dije apenado
--descuida, ya me tenía que ir--dijo; noté que sentía vergüenza--tengo que trabajar.
Se levantó y tomó su mochila, caminé hacia el piano y susurré--hermosa melodía--me volví para verla y vi lo hermosa que era <<también tu eres hermosa>> pasó por mi mente.
--Grácias--su vergüenza se hizo más evidente--era Nocturne de..--
--Chopin--interrumí--movimiento número nueve--terminé de decir <<Qué tonto eres, pensará que soy un presumido>> mi mente no dejaba de hablar.
--Sábes de música, impresionante--dijo acomodando su cabello detrás de su oreja.
--Un poco, sí...me gusta la música clásica--
La plática se hizo cada vez más amena en aquel foro y sin darnos cuenta la noche había caído, ella salió corriendo para ir a su trabajo, pero antes me dejó su número, para conversar un poco más sobre música.
Como era de suponerse, le hablé y quedamos para ir a un café, conversamos horas y reímos, le dije que trabajaba en un hospital como enfermero; pareció sorprenderse aunque yo no comprendía por qué, no era tan interesante.
Ella me dijo que trabajaba como pianista en un restauran y el tipo de música que solía tocar. Los días y las semanas pasaron y comenzamos a salir más a menudo luego sin darme cuenta, me le declaré y le pedí que fuera mi novia, ella por supuesto contestó que sí.
Me volví para ver al paciente y seguía "dormido" salí de la habitación y en el pasillo vi a Miguel.
--El paciente de la cama cuatro quiere una manta, dice que tiene mucho frío--dijo haciendo un gesto de desagrado.
--hay mucho frío Miguel--
--Sí lo sé, pero bién que puede ir sólo a buscar su manta--
--el paciente de la cama cuatro...¿no es el que tiene la pierna rota?--pregunté para ver si entraba en razón
--sí ese mismo--dijo y no hubo señal de que análizara la situación.
Caminé hasta la pequeña recepción que hay en el área de hospitalización, tomé una hoja y comenzé a anotar ciertas especificaciones que me había dicho la doctora, y que no debía olvidar.
Estaba escribiendo cuando mi celular sonó, lo miré y era Mónica.
--Hola---dije, por un momento escuché sólo ruido de las calles
--¿hola?, Mónica cariño ¿qué sucede?--no hubo respuesta.
--¿Mónica, estás bien?, ¿cariño qué sucede? me estas asustando, habla--el silencio seguía.
--Hugo ¿estás ahí?--era la voz de Mónica
--Sí--contesté enseguida
--Necesito verte--Su voz sonaba preocupada, angustiosa.
--Estoy en el hospital, no puedo salir, tengo un paciente que necesita vigilancia constante--
--¿No puedes salir un momento?--preguntó con la voz un poco quebrada
--Lo siento, no puedo pero te veo mañana-- Mónica colgó.
La noche transcurrió tranquilamente, el paciente se encontraba estable y los demás pacientes durmieron plácidamente, excepto el de la cama cuatro, que hizo que Miguel diera muchas vueltas.
Llegué a mi casa y ahí estaba ella sentada junto a la ventana tomando el té y con la mirada ausente.
Me acerqué y la abrazé, le besé la frente la miré a los ojos;pude ver que había pasado la noche llorando
--¿Mon..qué tienes?, ¿qué pasó ayer?--su mirada seguía clavada en la nada.
--Me siento muy mal--dijo sin mirarme--mal por mi, y por ti--me miró y sentí su preocupación y su tristeza.
--¿Recuerdas a Javier?--preguntó con los ojos llenos de lágrimas, volvio la vista a la ventana.
--¿Tu ex novio?--dije tratando de buscar su mirada.
--Sí, él--respondio pausadamente
--¿qué sucedió?--comencé a tener un mal presentimiento--¿te hizo, o te dijo algo?--
--Hemos estado saliendo--esta vez me miró a los ojos--con todo tu trabajo, y tus cosas has estado ocupado y me he sentido sola--
--¿Qué?--mi mente se había bloqueado por unos segudos--¿has estado saliendo con tu ex?--me voltée y camine hacia la mesa y me senté, ella se incorporó y se dirigió hacia mi.
--Javier y yo hemos estado saliendo desde hace un par de meses y lo amo--puso una mano en mi hombro y se agachó junto a mi, sus ojos seguían lagrimando.
--Con javier--continuó--tuve una relación muy larga y hermosa, un poco turbulenta pero teníamos mucho amor para dar, contigo también y también te amo, pero ya no como a un novio...ayer, Javier me propuso matrimonio--
Mi mente daba vueltas y solo escuchaba las palabras que salían de la boca de Mónica, no había dormido bien las últimas noches y creí que sólo era un mal sueño.
--¿qué le dijiste?--sabía la respuesta, sólo necesitaba saberla para morir por completo.
--le dije que sí--contestó llorando.
Sonreí un poco mientras las lágrimas corrian por mi cara--y...¿si te vas a casar porque lloras?--pregunté, pero ya no estaba en mis cinco sentidos, ya no pensaba con claridad.
--porque no es justo para ti--dijo apoyando su cabeza en mi brazo--no es justo para ti, y eres un gran chico y mereces algo mejor--
Entonces, se paró y se dirigió hacia la habitación--será mejor que me vaya--dijo desde la puerta, tomó un par de maletas y caminó hasta la mesa nuevamente--luego volveré por mis cosas, vendré mientras no estés para que no tengas que verme, luego dejaré mi copia de las llavez en el tazón de la puerta--no respondí, no la vi, simplemente me quedé sentado, con la cabeza agachada y las manos en el cabello.
Ella salió y cerró la puerta tras de si y se llevó mi corazón y mi alma hechos pedazos en aquellas maletas.
Llegué a una pequeña cafetería, aquel pueblo era muy pequeño en realidad parecía que yo era la novedad en aquel lugar, parecía que todos sabían lo que me había sucedido; a pesar de que no había hablado con alguien, no de mi vida.
se acercó una mujer corpulenta a pedirme la orden--¿qué desea?--dijo con una gentil sonrisa--el café es muy bueno--añadió.
--lo sé, es muy rico-- dije tratando de sonreír como ella, con sinceridad.
--cierto, es lo único que ha tomado desde que llegó, ahora se lo traigo--apuntó algo en una libreta de bolsillo y se alejó.
Junto a mi mesa se encontraba una mujer vestida con mantos largos, de colores brillantes, tenía un manto que le cubría la mitad de la cabeza dejando ver su rostro. La mujer tomaba un té y pude ver sus enormes anillos en la mano derecha. De nuevo se acercó la mujer robusta de sonrisa amable y dejó una taza con un plato de galletas--ahora le traigo un emparedado, debe tener hambre--dijo susurrando, como si estuviera prohibido hablar conmigo, la mujer se alejó nuevamente.
--Es muy amable--dijo una voz junto a mi--la señora Marquez es muy amable...--voltée y vi que era la mujer de ropas "árabes" la que me hablaba--estás deprimido por lo que veo--y me miró con sus ojos profundamente azules--un mal de amores si no me equivoco, ella te dejó--
No comprendía como aquella mujer sabía lo que me pasaba, ya dos personas parecían conocer mi historia.
--Este pueblo cura--miró hacia la ventana--y su especialidad son los males de amor--volvió a verme.
--Mi nombre es Bashira--<<Vaya sopresa>> me dije a mi mismo<<tiene un nombre árabe>>--El mio es Hugo--
--Dime Hugo ¿tengo razón?--no sabía que responder, no tenía ni idea de lo que contestar--tomaré eso como un sí--dijo muy segura.
--Los males de amor, se curan amando--Las palabras resonaron en mi cabeza, fue lo que aquella mujer del acantilado me había dicho--me tengo que ir--dijo--espero verte pronto--se levantó, dejó unas monedas y se dirigió hacia la puerta; No podía contenerme debía preguntarle--¿Acaso eres psíquica?--dije titubeante; Bashira se volteó y dijo sonriente--No, soy psicologa...
--para que la energía del amor fluya, del universo hasta tu mente, de tu mente, hasta tu corazón, de tu corazón, hasta tu alma, de tu alma hasta el aire y del aire, para con todos...--dijo con una hermosa voz que sonó redentora y celestial.--tienes que abrir tu corazón, y dejar que se quiebre y dejar que sane y entonces el amor que hay en el universo jamás te dañará de nuevo--
Yo no comprendía aquellas palabras que había dicho aquella dama. Fue entonces cuando el sol se ocultó completamente, un tenue resplandor surgía del manto que le cubría, se volteó y miro mis ojos, sentí paz y tranquilidad.
Te buscas a ti mismo--dijo la mujer--pero lo que enrealidad estás buscando es el amor, el amor que perdiste alguna vez--no entendía como aquella mujer que encontré y jamás había visto sabía mi condición--has completado el principio para amar junto con todo, ahora tienes que dejar que sane y la mejor forma de sanar, es amando.
Termine más confundido de lo que ya estaba, no comprendía que era lo que sucedía, no comprendía que era lo que ella trataba de decirme; Nuevamente extendiendo sus brazos, como si quisiera volar, alzó su rostro y dijo--que la luna ilumine tus sueños, ilumine tu alma, ilumine tu corazón y su lirio de plata, perfume tus anhelos--sin previo aviso se tiró de aquel acantilado. Me asusté y corrí; no serviría de nada correr y ver que caiga, porque su muerte sería inevitable.No vi a nadie caer, seguramente había llegado ya al agua y su cuerpo se hundía inherte y sin vida; en cuestión de un segundo vi a la luna alzarse sobre las aguas que se encontraban tranquilas y su resplandor plateado, se alzaba y me hacía querer amar.
una voz que susurraba en mi oido repitió "que la luna ilumine tus sueños, ilumine tu alma, ilumine tu corazón y el lirio de plata perfume tus anhelos."
Me sentía abrumado con la mente nublada, no comprendía la situación no me comprendía a mi mismo.
Regresé por donde llegué, volví al pueblo de "San Martín" cerca de cabo san Lucas en baja california, mochila en mano caminé casi a obscuras, solo con la luz de la luna.
Seguía pensando en lo que la mujer me dijo, que yo buscaba el amor y no a mi, quizá ella tenía razón ¿pero cómo es que ella podía tener la razón?; mi repentino viaje fue para escapar, perder de vista lo que me lastimó y termine buscandome a mi mismo ahora, resulta que lo que en verdad buscaba era el amor.
Yo no quería amar de nuevo, no quería sufrir otra vez, tenía suficiente con lo que me acababa de suceder.
Hace tres días estaba trabajando tranquilamente en el hospital como era de costumbre, hablaba con la doctora Romero hacerca de de un paciente que estaba delicado de salud y tenía que ser vigilado constantemente.
--Sus signos vitales necesitan ser monitoreados constantemente, ¿Entendió Martinez?--
--Sí doctora, vaya con cuidado--la doctora me miró y esbozó una sonrisa
--Confió en ti Hugo, no me vayas a fallar--
--Descuide doctora, disfrute de su velada--
La doctora Romero hiba a ver a su marido aquella noche, era la noche de su aniversario y tenía que ir, pues su matrimonio había dado tropiezos ese año.
Entré a la habitación para ver cómo se encontraba el paciente; él seguía en coma, pero prefería pensar que dormía profundamente. Para un enfermero como yo, no es conveniente tener ese tipo de creencias tan inocentes.
Me acerqué y tomé su pulso, verifiqué todos sus signos vitales y también la bolsa contenedora de orina, para saber si había que cambiarla.
Miré por la ventana de la habitación y vi la luna brillando sobre las casas y pensé en ella, aquella a quién había entregado mi corazón, Mónica era pianista en un restauran y los dos amábamos la música.
La conocí una tarde que caminaba por el centro de la ciudad, con el sol dorado y melancólico del otoño brillando sobre mi. Caminaba por la avenida, llegué a un pequeño foro vacío de donde salía una hermosa melodía.
Caminé hasta la puerta y miré a travez del cristal. Era una hermosa joven tocando una melodía de Chopin, Nocturne número nueve, lentamente y con precaución abrí la puerta para acercarme y escuchar mejor.
La luz dorada del sol entraba por un costado del pequeño foro, era un lugar vacío con sólo unos cuadros en las paredes y un piano al fondo, de donde salía la hermosa melodía. El lugar irradiaba romance y tranquilidad. Ella tenía los ojos cerrados y se movía al compás de la musica, al acercarme un poco más, pude notar su hermosa cabellera castaña que le llegaba hasta los hombros.
Miré sus manos y me quedé hipnotizado de tan hermosos movimientos, una danza sutil y elegante que no necesitaban música para bailar, ellos hacían la música.
Fue entonces cuando paró de tocar
--Disculpa si te interrumpí--dije apenado
--descuida, ya me tenía que ir--dijo; noté que sentía vergüenza--tengo que trabajar.
Se levantó y tomó su mochila, caminé hacia el piano y susurré--hermosa melodía--me volví para verla y vi lo hermosa que era <<también tu eres hermosa>> pasó por mi mente.
--Grácias--su vergüenza se hizo más evidente--era Nocturne de..--
--Chopin--interrumí--movimiento número nueve--terminé de decir <<Qué tonto eres, pensará que soy un presumido>> mi mente no dejaba de hablar.
--Sábes de música, impresionante--dijo acomodando su cabello detrás de su oreja.
--Un poco, sí...me gusta la música clásica--
La plática se hizo cada vez más amena en aquel foro y sin darnos cuenta la noche había caído, ella salió corriendo para ir a su trabajo, pero antes me dejó su número, para conversar un poco más sobre música.
Como era de suponerse, le hablé y quedamos para ir a un café, conversamos horas y reímos, le dije que trabajaba en un hospital como enfermero; pareció sorprenderse aunque yo no comprendía por qué, no era tan interesante.
Ella me dijo que trabajaba como pianista en un restauran y el tipo de música que solía tocar. Los días y las semanas pasaron y comenzamos a salir más a menudo luego sin darme cuenta, me le declaré y le pedí que fuera mi novia, ella por supuesto contestó que sí.
Me volví para ver al paciente y seguía "dormido" salí de la habitación y en el pasillo vi a Miguel.
--El paciente de la cama cuatro quiere una manta, dice que tiene mucho frío--dijo haciendo un gesto de desagrado.
--hay mucho frío Miguel--
--Sí lo sé, pero bién que puede ir sólo a buscar su manta--
--el paciente de la cama cuatro...¿no es el que tiene la pierna rota?--pregunté para ver si entraba en razón
--sí ese mismo--dijo y no hubo señal de que análizara la situación.
Caminé hasta la pequeña recepción que hay en el área de hospitalización, tomé una hoja y comenzé a anotar ciertas especificaciones que me había dicho la doctora, y que no debía olvidar.
Estaba escribiendo cuando mi celular sonó, lo miré y era Mónica.
--Hola---dije, por un momento escuché sólo ruido de las calles
--¿hola?, Mónica cariño ¿qué sucede?--no hubo respuesta.
--¿Mónica, estás bien?, ¿cariño qué sucede? me estas asustando, habla--el silencio seguía.
--Hugo ¿estás ahí?--era la voz de Mónica
--Sí--contesté enseguida
--Necesito verte--Su voz sonaba preocupada, angustiosa.
--Estoy en el hospital, no puedo salir, tengo un paciente que necesita vigilancia constante--
--¿No puedes salir un momento?--preguntó con la voz un poco quebrada
--Lo siento, no puedo pero te veo mañana-- Mónica colgó.
La noche transcurrió tranquilamente, el paciente se encontraba estable y los demás pacientes durmieron plácidamente, excepto el de la cama cuatro, que hizo que Miguel diera muchas vueltas.
Llegué a mi casa y ahí estaba ella sentada junto a la ventana tomando el té y con la mirada ausente.
Me acerqué y la abrazé, le besé la frente la miré a los ojos;pude ver que había pasado la noche llorando
--¿Mon..qué tienes?, ¿qué pasó ayer?--su mirada seguía clavada en la nada.
--Me siento muy mal--dijo sin mirarme--mal por mi, y por ti--me miró y sentí su preocupación y su tristeza.
--¿Recuerdas a Javier?--preguntó con los ojos llenos de lágrimas, volvio la vista a la ventana.
--¿Tu ex novio?--dije tratando de buscar su mirada.
--Sí, él--respondio pausadamente
--¿qué sucedió?--comencé a tener un mal presentimiento--¿te hizo, o te dijo algo?--
--Hemos estado saliendo--esta vez me miró a los ojos--con todo tu trabajo, y tus cosas has estado ocupado y me he sentido sola--
--¿Qué?--mi mente se había bloqueado por unos segudos--¿has estado saliendo con tu ex?--me voltée y camine hacia la mesa y me senté, ella se incorporó y se dirigió hacia mi.
--Javier y yo hemos estado saliendo desde hace un par de meses y lo amo--puso una mano en mi hombro y se agachó junto a mi, sus ojos seguían lagrimando.
--Con javier--continuó--tuve una relación muy larga y hermosa, un poco turbulenta pero teníamos mucho amor para dar, contigo también y también te amo, pero ya no como a un novio...ayer, Javier me propuso matrimonio--
Mi mente daba vueltas y solo escuchaba las palabras que salían de la boca de Mónica, no había dormido bien las últimas noches y creí que sólo era un mal sueño.
--¿qué le dijiste?--sabía la respuesta, sólo necesitaba saberla para morir por completo.
--le dije que sí--contestó llorando.
Sonreí un poco mientras las lágrimas corrian por mi cara--y...¿si te vas a casar porque lloras?--pregunté, pero ya no estaba en mis cinco sentidos, ya no pensaba con claridad.
--porque no es justo para ti--dijo apoyando su cabeza en mi brazo--no es justo para ti, y eres un gran chico y mereces algo mejor--
Entonces, se paró y se dirigió hacia la habitación--será mejor que me vaya--dijo desde la puerta, tomó un par de maletas y caminó hasta la mesa nuevamente--luego volveré por mis cosas, vendré mientras no estés para que no tengas que verme, luego dejaré mi copia de las llavez en el tazón de la puerta--no respondí, no la vi, simplemente me quedé sentado, con la cabeza agachada y las manos en el cabello.
Ella salió y cerró la puerta tras de si y se llevó mi corazón y mi alma hechos pedazos en aquellas maletas.
Llegué a una pequeña cafetería, aquel pueblo era muy pequeño en realidad parecía que yo era la novedad en aquel lugar, parecía que todos sabían lo que me había sucedido; a pesar de que no había hablado con alguien, no de mi vida.
se acercó una mujer corpulenta a pedirme la orden--¿qué desea?--dijo con una gentil sonrisa--el café es muy bueno--añadió.
--lo sé, es muy rico-- dije tratando de sonreír como ella, con sinceridad.
--cierto, es lo único que ha tomado desde que llegó, ahora se lo traigo--apuntó algo en una libreta de bolsillo y se alejó.
Junto a mi mesa se encontraba una mujer vestida con mantos largos, de colores brillantes, tenía un manto que le cubría la mitad de la cabeza dejando ver su rostro. La mujer tomaba un té y pude ver sus enormes anillos en la mano derecha. De nuevo se acercó la mujer robusta de sonrisa amable y dejó una taza con un plato de galletas--ahora le traigo un emparedado, debe tener hambre--dijo susurrando, como si estuviera prohibido hablar conmigo, la mujer se alejó nuevamente.
--Es muy amable--dijo una voz junto a mi--la señora Marquez es muy amable...--voltée y vi que era la mujer de ropas "árabes" la que me hablaba--estás deprimido por lo que veo--y me miró con sus ojos profundamente azules--un mal de amores si no me equivoco, ella te dejó--No comprendía como aquella mujer sabía lo que me pasaba, ya dos personas parecían conocer mi historia.
--Este pueblo cura--miró hacia la ventana--y su especialidad son los males de amor--volvió a verme.
--Mi nombre es Bashira--<<Vaya sopresa>> me dije a mi mismo<<tiene un nombre árabe>>--El mio es Hugo--
--Dime Hugo ¿tengo razón?--no sabía que responder, no tenía ni idea de lo que contestar--tomaré eso como un sí--dijo muy segura.
--Los males de amor, se curan amando--Las palabras resonaron en mi cabeza, fue lo que aquella mujer del acantilado me había dicho--me tengo que ir--dijo--espero verte pronto--se levantó, dejó unas monedas y se dirigió hacia la puerta; No podía contenerme debía preguntarle--¿Acaso eres psíquica?--dije titubeante; Bashira se volteó y dijo sonriente--No, soy psicologa...


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